Adrenalina para querer trabajar: cuando el día a día le roba el timón a tu empresa
Iniciamos la consultoría por la inquietud de uno de los titulares: reorganizar el proceso productivo y mejorar la respuesta del personal hacia la empresa. En otras palabras, lograr que el equipo se comprometa con la empresa y no que simplemente concurra a trabajar para percibir un sueldo a fin de mes.
Estas dos inquietudes son compartidas por la gran mayoría de los titulares de PyMEs:
Organizarse de tal manera que los procesos fluyan sin tanta intervención (o sin ninguna) de parte de los titulares.
Lograr que el personal tenga compromiso con los resultados, y no que simplemente realice las tareas sin importarles si salen bien o no.
El primer obstáculo: la inquietud no se comparte
Cuando empezamos a indagar sobre la empresa, detectamos un primer inconveniente: la inquietud no era compartida por el resto de los titulares.
En esta empresa en particular, la titularidad estaba compuesta por:
Un matrimonio mayor: la madre, muy activa y responsable de toda la administración, y el padre, con un simple acto de presencia.
Un hermano de la madre: también una persona mayor, con tareas sencillas y operativas.
Dos hijos: una hija, profesional en informática, con dedicación part time y solo involucrada en el área de su competencia; y un hijo, el gerente general, que se ocupaba de todas las áreas de la empresa a excepción de la administración.
La inquietud era solo del hijo. El resto de la familia lo dejó encarar el proceso de consultoría, pero sin participar activamente.
Otro aspecto interesante: El hijo decidió encargar el proceso de consultoría con la premisa de que el mismo iba a ser solventado por un subsidio de la Secretaría de PyMEs.
El síntoma: desgano hacia el trabajo
A partir de algunos encuentros, detectamos un síntoma en el titular que se traducía en desgano por el trabajo: no impulsaba las acciones y tareas que habíamos fijado de común acuerdo en los encuentros anteriores.
Cuando le mostramos este síntoma e indagamos un poco más a fondo, detectamos que ese desgano o apatía era hacia el trabajo de forma generalizada:
“El trabajo en general está bien, con sus problemas de más o menos. Vengo todos los días, veo qué problemas o temas tengo para resolver y repito todos los días. No me genera atractivo.”
A partir de esta declaración, siguió una exposición de apatía y actividad rutinaria. Parecía que no habría un futuro distinto al presente.
Descrito este estado de ánimo en el plano laboral de una persona de 44 años, con aproximadamente 20 años de vida laboral activa por delante, el panorama es preocupante.
¿Quién conduce a quién?
Y esto probablemente se escucha con más frecuencia de lo deseable. Empresarios que concurren todos los días de forma rutinaria a hacer “lo que hay que hacer”, a “resolver los problemas que hay sobre el escritorio”, a “atajar los penales que me traen todos los días”.
Entonces se da una paradoja: si los titulares son los responsables de conducir las PyMEs, ¿quién conduce a quién? ¿Los problemas, conflictos, requerimientos y rutinas que arman el día laboral del titular, o el titular?
Así, sin darse cuenta, el proyecto original se fue desdibujando y las acciones cotidianas se fueron adueñando del mismo. La visión a largo plazo se tornó cada vez más borrosa y la planificación pasó a ser cortoplacista: una expresión de deseo de que algún día concretaremos tal o cual objetivo, cuando se den ciertas situaciones que recién ahí nos permitirán ordenarnos y planificar.
Esto se convierte en una especie de trampa, ya que nunca se alcanza ese nivel de orden y situación ideal para pensar una planificación a mediano o largo plazo. Y la vida laboral continúa dentro de esa rutina gris y poco placentera.
La solución está en tus propias manos
Lo más llamativo del tema es que la solución a este estado de ánimo, generado por la rutina cotidiana, está en las propias manos de la persona que lo padece.
Por algún motivo, pareciera que es más fácil quedarse en esa situación que forzar un cambio.
No son necesarios recursos extraordinarios, ni nuevas tecnologías, ni grandes modificaciones en la organización. Solo hace falta un proceso reflexivo sobre qué quiero de mi empresa, y generar un plan con pequeños pasos para volver a liderar el proyecto, en lugar de dejar que los temas cotidianos nos lideren a nosotros.
Los “peros” y las excusas
Cuando empezamos a conversar este tema con los titulares que están en esta situación, aparecen los “peros” y las excusas. Y en la profundización de esos “peros”, ellos mismos llegan a la conclusión de que son solo excusas.
A lo que realmente le falta es convicción para salir de esa espiral agobiante.
No estamos diciendo que no existan verdaderos temas a resolver, ni obstáculos complejos. Solo expresamos que, si existe la sólida voluntad de modificar un contexto acotado a nuestro poder de injerencia, es posible transformarlo con un proyecto, una estrategia y un plan de acción riguroso. Y si no da los resultados esperados, saber que puedo modificarlo. Lo único que no se puede es resignarse a que no hay salida posible.
¿Te reconoces en esta historia?









